AlimentosArtículos

Capítulo 19: las mejores opciones

Con bastante frecuencia, me preguntan en la consulta que qué alimentos son los mejores, o me presentan una disyuntiva para que les aconseje o les ayude a escoger entre dos alimentos de un mismo grupo o, incluso, de distintos grupos.

Yo suelo decirles que no todo es blanco o negro, y que el hecho de que un alimento tenga alguna característica buena no significa que tengamos que comerlo a todas horas o que tengamos que excluir de nuestra dieta a los demás.

A pesar de este razonamiento, he decidido hacer este capítulo para hablar de los alimentos que más nos interesa comer, aunque ya he hablado de ellos en los capítulos anteriores. Vuelvo a insistir en que el hecho de recomendar a uno de ellos no significa que debamos excluir a otros con parecidas características; porque hay personas que dejan de comer algunos alimentos, ya que han leído o escuchado que hay otros mucho mejores y que son estos los que debemos comer porque son “superalimentos”.

SUPERALIMENTOS.

En las últimas décadas, hemos escuchado y leído con mucha frecuencia que este o aquel alimento eran… “superalimentos”. Esta afirmación se basaba en alguna característica de ese alimento que lo hacía destacar sobre los demás, con lo que parecían darnos a entender que deberíamos dejar de comer los otros y comer solo estos catalogados como superalimentos.

Resulta curioso destacar que casi todos estos superalimentos eran caros o por lo menos, más caros que sus equivalentes, y casi siempre, exóticos o poco conocidos. Detrás había una campaña de publicidad, interesada, que exageraba sus virtudes y creaba grandes expectativas sobre los beneficios de su consumo. Parece que querían que nos preguntásemos:

– ¿Cómo he podido vivir yo hasta ahora sin comer este superalimento a diario?

La respuesta sencilla podría ser:

– ¡Porque hago una alimentación variada y equilibrada en la que unos alimentos compensan las posibles deficiencias de otros! Que en eso consiste precisamente el equilibrio.

Pero por desgracia, la publicidad consigue su objetivo y la mayoría de la población preocupada por su salud consideraba necesario y urgente incluir ese nuevo alimento en su día a día para mejorar la calidad de su alimentación, y corrían a comprar ese “salvavidas”.

Recuerdo hace años la sorpresa que me llevé al ver una zona de un supermercado llena de bandejas con bayas de Goji que eran repuestas periódicamente porque la gente se las llevaba con gran rapidez y sin mirar el precio, que era bastante caro. Por lo visto, valían para todo y curaban todo lo habido y por haber, o al menos, eso habían dicho en la radio.

Al cabo de varios meses, costaba trabajo encontrar a las antes famosas e indispensables bayas de Goji, salvo en sitios especializados, porque quien las compró se había dado cuenta de que no eran milagrosas y de que sus problemas de salud no habían mejorado nada de nada.

Muchos de ellos llegarían a la conclusión de que eran igual de beneficiosas que las cerezas o las fresas, pero mucho más caras, y que puede que tuvieran algunas buenas cualidades, pero que no eran la panacea para todas las enfermedades posibles, como les habían hecho creer.

También puede darse el caso de que algunas personas dejaran de comprarlas porque ya estaba de moda otro superalimento del que la nueva publicidad decía que sí era de verdad efectivo para todo y contra todo; no como el anterior, que había defraudado las expectativas puestas en él. Y así podríamos seguir indefinidamente.

Firmado por: Julio B. Romero Redondo (El médico de Castilblanco).

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Close