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Capítulo 17: verduras y frutas

LAS PATATAS.

Lo mismo ocurre con la patata, que ya de por sí tiene un alto índice glucémico y suele tomarse frita, por lo que hay que sumarle las calorías del aceite que ha absorbido. Para empeorar aún más la calidad, la mayoría de las veces suele freírse con aceites ricos en omega 6, como el de girasol. Si es que no están fritas con grasas trans y cargadas de aditivos sospechosos, como se descubrió en Canadá cuando una famosísima cadena de hamburguesas hizo público con qué freían las patatas. ¡Socorro!

También hay que tener en cuenta que al freír cualquier alimento, le subimos las calorías, y que mientras más superficie del alimento esté en contacto con aceite, más calorías suele subir este. Por lo tanto, las patatas de bolsa, que suelen estar laminadas, tienen muchas más calorías que las caseras fritas en “palitos”.

Os pongo a continuación una tabla con el contenido en calorías, por cada 100 gramos, de las patatas crudas y cocinadas de varias maneras. Es esta:

Patatas crudas ………………. 77 calorías/100 g

Cocidas o asadas …………… 90 calorías/100 g

Fritas caseras ………………… 250 (hasta 320) calorías/100 g

Fritas laminadas de bolsa … 520 calorías/100 g

He tenido pacientes, con obesidad y otras patologías, que hacían una alimentación “casi saludable”. Comían ensaladas y verduras a diario, más pescados que carnes, casi nunca carnes rojas, varias veces legumbres, etc. Pero todos los días se tomaban una o dos bolsas de patatas fritas porque una vez que las probaban, no podían parar de comerlas. Se premiaban con lo que tanto les gustaba, y esa cantidad de calorías estropeaba su peso y su salud por la gran cantidad de aditivos, sobre todo saborizantes, y de sal que contienen esas patatas.

Se han comercializado en los últimos años unos tubos de “patatas fritas” que en realidad no son patatas fritas, sino un producto ultraprocesado muy adictivo. Una paciente, muy preocupada por la calidad de la alimentación de sus hijos, discutió con su marido porque éste les compraba a diario un tubo de estas patatas para poderlas comer él también. Un día en el que los niños dejaron las patatas que ella les había frito y solo comían de las del tubo, no pudo más y quiso desprestigiarlas diciéndoles:

He visto en Internet que esto no son patatas fritas, que son una masa de féculas con almidón, cargadas de saborizantes y productos químicos, ¡a cual peor! Luego hacen una lámina gigante y las van cortando con unos moldes y por eso salen todas iguales. Las fríen, ¡quién sabe con qué grasa!, sobre una superficie ondulada y se quedan con esa forma. Luego les echan unos polvitos para darles el sabor que les interesa y las cargan con cosas para que nos creen adicción y no podamos dejar de comerlas. ¡Os están drogando!

Su marido salió en defensa de esas “patatas”, pero los niños comenzaron a mirarlas con recelo y dejaron de comerlas. A partir de ese día, ya no las quisieron y volvieron a comer las caseras. Puede que fuera un poco dura con su comentario, pero consiguió quitar de la alimentación de sus hijos otro ultraprocesado. Su marido, aunque le costó, también dejó de comerlas para comenzar a darle “buen ejemplo” a los niños. ¡Más vale tarde que nunca!

Firmado por: Julio B. Romero Redondo (El médico de Castilblanco).

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