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Capítulo 12: ¿nos están drogando?

En el capítulo anterior, hemos visto los aditivos que se le añaden a los alimentos para facilitar su conservación o para darles mejor aspecto o para mejorar su sabor. A esta última cualidad, la de mejorar el sabor, es a la que quiero dedicarle este capítulo; porque la industria no se limita a mejorar el sabor de un producto, sino que intenta “potenciar” el sabor del alimento para que nos guste más, ¡mucho más!, consiguiendo con facilidad que comamos más de lo que pensábamos o, incluso, que no podamos dejar de comerlo hasta que se acabe.

A lo largo de los años, he escuchado a muchos pacientes hablarme de una relación problemática con algún alimento o alguna bebida que para ellos resultaba “como una droga” y una vez que empezaban a tomarlo, no podían dejarlo de tomar hasta que se acababa y se veían obligados a comprarlo de nuevo para seguir tomándolo.

No penséis solo en productos químicos como el glutamato, porque esas “drogas” pueden ser mucho más conocidas e incluso resultarnos inocentes a simple vista; me estoy refiriendo a la sal, el azúcar, las harinas refinadas y a algunas grasas. Añadidas a algún alimento que no debería llevarlas o subiendo bastante las concentraciones de ellas en un alimento que sí suele llevarlas, se consigue que nos gusten mucho más.

Recuerdo lo que me contó una paciente que fue con los nietos al cine. Al salir, quiso ir con ellos a un bar a tomar algo, pero los nietos insistieron en ir a una hamburguesería. A regañadientes, aceptó y cedió en pedir todo lo que quisieron. Ella pidió solo una ensalada mediterránea y Coca-Cola cero. Cuando vio cómo la nieta devoraba las patatas fritas, le dijo:

– Pero si a ti no te gustan las patatas fritas. Cuando yo te las frío, las dejas casi todas.

La nieta le dijo:

– Las tuyas no saben a nada. Pero estas, están buenísimas y no me canso de comerlas.

Las probó y las notó muy saladas y con un sabor distinto al de las patatas que ella hacía. Al cabo de un rato, se quedó sorprendida y un poco avergonzada cuando la nieta le dijo:

– Vamos a tener que pedir otras patatas porque te las está comiendo tú todas.

Ella no había sido consciente, pero no paraba de comerlas y de beber más Coca-Cola, que ¡menos mal que era cero!, porque se tomó todo el vaso “extragrande” y encima, se quedó con sensación de sed. En el camino de vuelta, pensó:

¿Qué le echarán a las patatas para que no te canses de comerlas, si sabes que engordan mucho porque tienen muchos hidratos y que no te vienen bien porque tienen demasiada sal?.

Llegados a este punto, debemos pensar en que ya de por sí los hidratos nos suelen resultar muy agradables de comer y en que nos suelen gustar más las cosas con sal que sin sal o con poca sal. Si a esto le añadimos algo que haga que todavía nos guste más, la combinación va haciendo que cada vez nos guste más ese producto y puede que perdamos el control y terminemos enfermando por comer demasiada cantidad y con demasiada frecuencia. No debemos olvidar que los potenciadores de sabor se pueden relacionar con casos de obesidad, hipertensión arterial y diabetes, entre otras cosas.

Firmado por: Julio B. Romero Redondo (El médico de Castilblanco).

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