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Capítulo 11: los aditivos

INGESTA DIARIA ADMISIBLE

Para comprobar si un aditivo es seguro, se realizan ensayos clínicos con animales de experimentación. A los pobres animales se les va dando una dosis cada vez más alta, hasta que se observa algún efecto nocivo.

La dosis más elevada antes de que aparecieran esos efectos adversos se considera que es inocua y se establece como Ingesta Diaria Admisible (IDA) para los humanos.

Se recomiendan entonces cuántos miligramos de ese aditivo puede tomar una persona cada día por cada kilo de su peso corporal (mg/kg/día). Porque se considera que mientras más peso tenga una persona, más fácil le será expulsarla o destruirla. Por lo tanto, estará más protegido un adulto que un niño.

¿UNO, DOS O CIEN?

Pero al leer lo anterior, surge una gran pregunta, que sería:

¿Cuáles son las “dosis habituales” de consumo de un producto?

Porque yo he tenido pacientes que se tomaban más de tres litros diarios de refrescos azucarados, en lugar de uno o dos en el fin de semana; otros que se tomaban paquetes y paquetes de patatas fritas de una marca determinada cada mañana. Y así podría seguir enumerando otros productos de bollería industrial o de pastelería, de los que también es frecuente consumir mucha, mucha, cantidad.

Estoy seguro de que ninguna autoridad contó con ese consumo, porque no es normal ni habitual pero sí frecuente en una parte de la sociedad. Y encima, resulta que alguno de los aditivos que se usan son potenciadores del sabor que nos hacen tan agradable ese producto, que cada vez queremos comerlo más y más. Con lo que lo lógico es que sigamos y sigamos comiéndolo, perdiendo el control.

En estos casos, nos podríamos preguntar:

¿Siguen siendo seguras las cantidades de aditivos? o como como tantos ultraprocesados, ¿ya estoy en las cantidades que le dieron a aquellas ratas de laboratorio y les provocó algún problema?

Contamos con la ventaja de que los márgenes de seguridad son muy amplios, pero sería preferible que no los dejaran “drogarnos” con los potenciadores del sabor y nos mantuviéramos dentro de un consumo más razonable. Bueno, lo más razonable sería evitar todos los ultraprocesados e intentar comprar solo productos sin procesar o poco procesados, como hacíamos antes. ¡Mejor nos iría!

Firmado por: Julio B. Romero Redondo (El médico de Castilblanco).

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