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Trucos para comer pasta y engordar menos

Varias personas me han preguntado por la forma de hacer la pasta para que engorde menos porque no se atreven a tomarla cuando viene puesta en las dietas.

Os pongo un trozo del capítulo 7 del libro que estoy escribiendo, donde explico los posibles trucos para que la pasta, y los hidratos de carbono en general, nos influyan menos en el peso. Pero recordad que hay que tomar antes una ensalada y controlar la cantidad de la pasta. Es este:

Hay estudios que dicen que al congelar el pan o los guisos con hidratos de carbono, los almidones que contienen se vuelven más resistentes y son más difíciles de asimilar; por lo tanto, nos influiría menos en el peso.

El simple hecho de cocer la pasta o el arroz el día antes y guardarlos en el frigorífico durante la noche, puede hacer que al enfriarlas durante varias horas, se hagan mucho más resistentes los almidones que contienen; por lo que sería más difícil asimilar esos almidones y nos influiría menos en el peso.

También parece ser que al recalentar los guisos que contengan hidratos de carbono, otros nutrientes como las grasas pueden unirse a ellos y transformarlos en almidones más resistentes; por lo que nos influiría menos en el peso.

Lo mismo puede ocurrir al cocinar poco la pasta y dejarla “al dente”. Al estar menos hecha, se digieren con más dificultad los almidones que contienen; por lo que nos influiría menos en el peso.

He repetido cuatro veces “nos influiría menos en el peso” porque en varias ocasiones, al explicarle esto a algunos pacientes, entienden que haciéndolos así son inofensivos y pueden comer la cantidad que les dé la gana de ellos, por lo que suelen dejar de controlar las cantidades y terminan engordando. Incluso, recuerdo el caso de una paciente adicta a la pasta que tras explicarle todo esto, me dijo:

O sea, que la pasta “al dente” y la recalentada nos hacen adelgazar.

Tuve que explicarle que no nos adelgazan, sino que nos hacen engordar un poco menos o nos ayudan a mantenernos en nuestro peso con más facilidad. Recuerdo la cara de desilusión cuando lo comprendió.

Lo que sugieren estos estudios es que si tomamos primero una ensalada y luego poca cantidad de pasta poco hecha, refrigerada durante varias horas o recalentada, asimilaremos menos o más lentamente los almidones que contiene; mientras que si tomamos la pasta sola, sin ensalada, recién hecha y muy cocida, será más fácil asimilar todos los almidones que contiene y es más probable que engordemos con más facilidad.

Una paciente me comentó que su madre había leído en una revista que los italianos comían mucha pasta y sin embargo, no les influía en el peso porque la tomaban “al dente” y con verduras y salsa de tomate. Se quedó callada y luego dijo:

Lo malo es que llegó un momento en el que la cocía tan poco, que más que pasta “al dente” era pasta “a la muela”, porque había que triturarla con las muelas para poder tragársela. Como efecto colateral, consiguió que cada vez nos gustara menos la pasta. ¡Qué lista!

Firmado: Julio B. Romero Redondo (El médico de Castilblanco).

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