Historias

El chaqué

Un paciente, en la primera consulta, me dijo que su hija se casaba en unos cuatro meses y lo había obligado a ponerse a dieta para perder la barriga.

Él era el padrino, tenía que ir de chaqué y, con la barrigota que tenía, su hija decía que las fotos iban a salir fatal y que todo el mundo miraría la barriga del padrino en lugar de mirar a la novia y al novio.

Al hacerle la historia, me comentó que padecía de hipertensión arterial, pero que desde que le habían añadido otra pastilla a las dos que ya tomaba, tenía la tensión muy controlaba.
Tomaba también otra pastilla para el colesterol desde hacía más de diez años y lo tenía dentro de los límites normales.
Pero lo que más le atormentaba era que, aunque llevaba quince años tomando alopurinol para bajar las cifras de ácido úrico, los ataques de gota eran frecuentes y requerían tratamientos fuertes con dos antiinflamatorios distintos.

Los antiinflamatorios le calmaban el dolor fuerte en dos o tres días, pero las molestias y la inflamación le duraban casi dos semanas. Tenía el pie derecho cada vez más deformado y casi todos los zapatos le hacían mucho daño.
De tomar tantos antiinflamatorios se le había estropeado el estómago, hacía mal las digestiones, tenía acidez y reflujo constantemente, por lo que tenía que tomar omeprazol y antiácidos a diario para disminuir las molestias.

Al escuchar todo esto, yo le dije que los problemas de salud que me estaba contando eran motivo más que suficiente para cambiar los hábitos de vida y perder peso.
Ya que se había decidido a hacer dieta para que le quedara mejor el chaqué, debería intentar mejorar su salud cambiando algunos hábitos y aprendiendo a comer de otra forma.

Él me dijo que desde que empezó con la gota, su médico le puso las pastillas y le dio una hojita con consejos y, aunque él lo hizo todo bien, los ataques de gota siguieron dándole.
Que luego, cuando le dijeron que tenía el colesterol alto, le dieron otra hoja con lo que debía y lo que no debía comer, que él intentó hacerlo lo mejor posible. Pero cuando se repitió los análisis a los tres meses, el colesterol había subido y tuvieron que ponerle las pastillas y hasta entonces no comenzó a bajarle.

Me dijo que él ya tenía asumido que con su edad tenía que tomar pastillas para las goteras que le iban saliendo y que mientras le dieran resultado, a él no lo importaba tomarse las ocho pastillas diarias.
Yo le dije que al hacer bien este tipo de dietas la gran mayoría de los pacientes mejoraban y podían reducir la medicación que estaban tomando, aunque no en todos los casos ni para todas las enfermedades. Que esperaba que él lo hiciera muy bien y notara mejoría.

En la primera revisión, a los quince días, tenía la tensión arterial baja y le dije que se la controlara con más frecuencia y si seguía estando baja debía consultar con su médico de cabecera si reducir la dosis o eliminar alguna pastilla.
Él dijo que desde hacía cuatro días se encontraba flojo, pero que se lo achacó a los cinco kilos que había perdido y a que le estaba echando menos sal a las comidas como yo le dije. Que de todas formas, iba a ir a su médico para comprobar si seguía baja la tensión.

Cuando vino al mes siguiente había perdido casi seis kilos y me dijo que cuando fue a su médico también tenía la tensión baja y éste le había quitado la última pastilla para la hipertensión y le dijo que se la controlara y que fuera a los quince días para ver cómo evolucionaba.

A los quince días seguía estando algo baja y le redujo a la mitad la dosis de otra de las pastillas, animándolo a que siguiera perdiendo peso y controlándose con la sal en las comidas. Le pidió una analítica completa para valorar las cifras de colesterol y ácido úrico.
Desde que le habían bajado la dosis, se encontraba mejor y la mínima, que antes no bajaba nunca de nueve, ahora casi nunca subía de ocho y medio.

En la revisión siguiente me trajo los resultados de los análisis, todo estaba normal y me dijo que su médico al verlos le dijo que por primera vez en muchos años no había ningún valor alterado, que siguiera haciendo la dieta y que le iba a bajar la dosis de la pastilla del colesterol a la dosis mínima y si seguía bajando el colesterol le quitaría la pastilla.

Ese mes había perdido tres kilos, un poco menos porque se había descontrolado algo en la Semana Santa y la Feria de Abril. Pero siguió haciéndolo muy bien en los demás días, incluso en las fiestas había intentado hacerlo lo menos mal posible, siguiendo los consejos que yo le había dado.
Me dijo que el mes siguiente ya no podría venir porque estaba muy cercana la boda de su hija y estarían como locos con los preparativos. Que me estaba muy agradecido y que una vez que pasara el verano igual venía otra vez a seguir perdiendo.

Yo le puse una dieta nueva y le dije que, aunque no viniera, siguiera haciendo la dieta, porque estaba mucho mejor que el primer día, no sólo había reducido mucho su barriga, sino que la tensión y el colesterol habían mejorado.

No pidió cita para el mes siguiente, pero varios días antes de la fecha en la que le hubiera tocado su revisión llamó para pedir cita y vino a la revisión.
Había perdido otros cuatro kilos y estaba muy contento porque su médico le había dejado como tratamiento para la hipertensión sólo media pastilla y él por su cuenta se había dejado de tomar las del colesterol, porque se había hecho otros análisis en una clínica privada y el colesterol estaba bajo, pensaba seguir sin tomarlas hasta que su médico le repitiera los análisis.

Se quedó callado un momento y luego dijo:

Ya sabe usted que no pensaba venir hoy, pero he vuelto a pedir cita porque llevo toda la semana pensando que soy gilipollas, perdóneme usted la expresión. Porque desde que empecé la dieta no me ha dado ningún ataque de gota, ni siquiera en la Feria. Se me han quitado las molestias digestivas y ya hace varias semanas que ni me acuerdo de tomar el omeprazol, porque no lo necesito. Sólo tomo media pastilla para la tensión y la tengo controlada, igual que el colesterol.

Mi única motivación al empezar la dieta era que me quedara bien el chaqué para que mi hija no se avergonzara de mí durante su boda, mientras que mi motivación debería haber sido mejorar mi salud y no tener que tomar tantas pastillas.

Tengo muy claro que tengo que seguir comiendo de esta forma para estar lo más sano posible y aprender a meter la pata menos veces y arreglarlo rápidamente volviendo a comer de esta forma que usted me ha enseñado.

Volveré el mes próximo y los que hagan falta, no quiero conformarme con lo que he conseguido hasta ahora, quiero llegar al mantenimiento y aprender a mantenerme, tener una vida más saludable, con menos dolores y sobresaltos.

Firmado: Julio B. Romero Redondo (El médico de Castilblanco)

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